domingo, 11 de enero de 2015

El fantasma de Vicente Huidobro


"Alberto Álvarez fue el albañil que construyó, hace más de cincuenta años, la casa de campo del antipoeta y mago. El escritor Volodia Telboim revela en su biografía Huidobro: la marcha infinita (Ediciones BAT, Santiago de Chile, 1993) que Álvarez  vio morir al poeta cuando se iba 1947 y comenzaba 1948:

"Entró al dormitorio donde yacía peleando con la muerte y cuenta que lo divisó lacio, con los ojos que se le iban para atrás, con la piel que se le fue poniendo traposa. Estaba más flaco y la nariz se le veía más grande. No decía nada. No se podía mover y golpeaba las sábanas con un dedo. Me asusté mucho ¿Por qué tenía tanto miedo? No ve que decían que había hecho pacto con el diablo. Pero ¿por qué decían eso? Sería porque trabajaba de noche y dormía de día, o por las cosas raras que han pasado aquí, por las apariciones, por los jotes que no se separaban del ataúd. Vaya a saber uno. Tal vez se murió porque se había casado con una mujer mucho más joven y se ponían inyecciones para responderle."

Otros testigos aseguran que el padre de Altazor y de Temblor de cielo, así como del Creacionismo y de más de una treintena de obras muy variadas, tanto en verso como en prosa, aún cabalga cubierto de una manta de Castilla. Los labriegos dicen que en su antigua casa de campo se pasean los espíritus. Algunas noches lo sienten llegar convertido en una sombra blanca. De pronto escapa de la tumba una carroza fúnebre, y arriba se equilibra una especie de fantasma vestido de negro. Es Huidobro, el demiurgo de la razón clandestina, no puede ser otro que Vicente Huidobro. El diario El Mercurio, de Santiago de Chile,  recoge el testimonio del albañil Alberto Álvarez: 

"De la puerta de mi casa divisé que venía algo de arriba. Era un hombre a caballo corriendo rápido, directo a los alambres de ropa tendida... Pensé: aquí se corta la cabeza el fulano. Y cuando voy viendo que pasa por los alambres sin siquiera moverlos, oiga. Y el que pasa, ya se ponen a aullar los perros... Otra noche vi unas mujeres que venían de a pie. Creí que eran mis hermanas, cuando más de cerca veo que no tenían ni vestido y que debajo del pañuelo de la cabeza tampoco tenían cara. Me entré corriendo. Gritaba como si fuera un loco."

La versión del albañil, envuelta en lo fantasmal aparece en aquel periódico del 26 de junio de 1983.

Volodia Teitelboim, que también escribía versos con inquietud existencial y metafísica, estuvo muy cerca del poeta como discípulo asombrado, durante su juventud. Muchos años después, el estupor no desaparece y reflexiona:

"No sé si alguna vez Vicente, en vida, pudo imaginar que se construiría una leyenda con visos demoníacos; que se convertiría para algunos en historia de aparecido y en superstición local. Tomando en cuenta sus estudios especiales de ocultismo en París, y algunas de sus obras donde pretende entrar en contacto con lo sobrenatural, quizás el fenómeno no le hubiera ni extrañado ni desagradado. Creía en la transmisión del pensamiento. Vladimir también admite que su padre era medio brujo. Rememora que le gustaba hipnotizar amigos y hacía con él pruebas de poder mental."

Ese niño nació en 1934 y ha sido funcionario del Ministerio de Economía. Sobre el poder mental de su padre, dice que el antipoeta y mago se iba a la última pieza de la casa: 

"...mientras nosotros en la sala escondíamos cualquier cosa. Volvía y la encontraba, sin siquiera sospechar qué habíamos escondido. No sé si alguna vez invocó al diablo, pero esos asuntos le gustaban. Seguramente hizo sesiones de espiritismo. Me han dicho que ahora es uno de los personajes favoritos de los médiums. Y cuando he estado en una sesión de amigos aficionados mi padre llega sin que lo llamen"


-Hernán Lavín Cerda, Vicente Huidobro, el brujo, el iniciador, el visionario. 

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