domingo, 17 de abril de 2016

Canción de amor de J. Alfred Prufrock (Fragmento)


Pero, aunque he llorado y apresurado, llorado y orado,
aunque he visto mi cabeza (haciéndose ligeramente calva)
traída en una bandeja,
no soy profeta y aquí no hay gran asunto;
he visto el momento de mi grandeza vacilar,
y he visto el eterno lacayo agarrar mi abrigo y reír disimuladamente,
y en pocas palabras, tuve miedo.

Y hubiese valido la pena, después de todo, 
después de las tazas, la mermelada, el té,
entre porcelana, entre alguna conversación entre tú y yo,
hubiese valido la pena,
haber mordido el asunto con una sonrisa,
haber comprimido el universo en una bola
y hacerla rodar hacia alguna pregunta abrumadora.
Decir: "Soy Lázaro, vengo de los muertos,
vengo a decirte todo, todo te lo diré".
Si uno, poniéndose una almohada en su cabeza,
dijese: "Eso no es lo que quise decir, no del todo,
no es esto de ninguna manera." 

Y hubiese valido la pena después de todo,
hubiese valido la pena mientras tanto,
después de las puestas de sol y los patios y las calles lloviznadas,
después de las novelas, después de las tazas de té, después de las faldas que se arrastran a lo largo del suelo
¿Y esto y tanto más?
Es imposible decir lo que quiero decir.

-Poema de T.S. Eliot e ilustración de Julian Peters.

sábado, 2 de abril de 2016

Porco Rosso y la deshumanización


Porco Rosso es una película del japonés Hayao Miyazaki, estrenada en 1992 y basada en una adaptación libre del manga La era de los hidroaviones. En lo personal, el director reconoce que se vio marcado por el inicio de la guerra de Yugoslavia y eso hizo que le diera un carácter más serio a la obra.


En este filme, un ex-piloto de la fuerza aérea está maldito y se transforma en un puerco. No se nos aclara por qué cayó sobre él una maldición; pero, en palabras de Hayao, se trata de algo auto-impuesto. Margo Pagot ha perdido la fe en la humanidad, por eso decide convertirse en un cerdo, adopta el nombre de Porco Rosso y deviene animal ante su desilusión. El autor de esta obra cinematográfica alguna vez dijo “cuando un hombre llega a la madurez, se convierte en un cerdo”, es decir, pierde la inocencia que lo liga a una bondad espontánea y se convierte en su ser de intereses sórdidos. Cuando era piloto durante la Primera Guerra mundial, Marco fue testigo de la muerte de sus compañeros, del sinsentido de los conflictos bélicos y los nacionalismos; por esto decide renegar de cualquier aspecto humano que todavía le quedaba después de sobrevivir. No es casual que marque su rostro en la vieja foto del Hotel Adriano, donde todavía aparecía como muchacho. Con el advenimiento del fascismo, su pesimismo es confirmado, el ser humano no tiene salvación posible; una de las frases de Marco, “mejor cerdo que fascista”, lo revela.


Más adelante, aparece Fio Picollo, una ingeniera de hidroaviones que, a pesar de las negativas del porcino aviador, reconstruye la nave del héroe. Ella representa el reencuentro con la esperanza. Es gracias a esta jovencita que Marco recobra su humanidad ocasionalmente. Cuando están en la cueva, la noche después de su llegada a la isla, Marco dice “Eres una buena muchacha, me haces creer que la humanidad no se ha perdido” (En otras traducciones aparece como: "Haces que quiera volver a ser humano"). Fio es la única que puede volverlo a ver como un ser humano, esto quiere decir que ella encuentra todavía sensibilidad en aquella persona, aspectos como la bondad, el amor a la vida, el valor y la alegría. Por eso le dice, a modo de broma, “si te beso, volverás a ser humano”; la referencia al cuento de la princesa no es gratuita, prácticamente le está diciendo que un acto de cariño, por mínimo que sea, puede devolverle lo que ha perdido, hacerlo renacer como hombre. 

Porco Rosso es un camino de redención con un final algo amargo. A pesar de una visión un tanto dulce, el mundo impone sus duras leyes: las del tiempo y la violencia. Claro, Miyazaki sólo nos da un atisbo de esto y no entra en detalles. Finalmente, los personajes se sobreponen, la guerra avizorada es narrada someramente  desde un refugio (¿no es eso lo que nos ha planteado durante estas dos horas, el humanismo como un refugio contra el cinismo del mundo?); pero contarles eso arruinaría mucho la película, más de lo que esta reseña ya lo hizo; por eso les pido que se hagan el favor de verla. Nos vemos.

lunes, 7 de marzo de 2016

El gran Burundún-Burundá

“Que fuese Burundún el primero en percatarse que la miseria humana, la angustia que le acompaña y la rebeldía que le sigue, tiene su fundación en la palabra articulada, fue memorable hazaña de su inteligencia. Que convenciese a gran parte de sus gobernados de que en la mudez residía la única posibilidad de vegetar perdurando, fue flor de su talento político e inmarcesible realización de su Ministerio de la Propaganda. Pero donde dio su total medida, donde llevó su propio estilo a la maestría, fue en la tarea de recrear los instrumentos de la represión contra los lenguaraces. 

¿A quiénes ofende la palabra? A los incapaces de fervor, a los que carecen de imaginación, a los que jamás se hablaron a sí mismos, a los que nunca administraron a las cosas el sacramento del bautismo, a los que ignoran la comparación, a los que pegan a las bestias y a los niños cuando no entienden sus miradas, a los que no quieren ganar fama, a los que temerían confesarse, a los que siempre esperan la delación o la denuncia, a los que no tienen caridad, a los imponentes, a los que no saben qué hacer con la libertad, a los temerosos de la justicia, a los que no pueden trascender de la sensación a la emoción, a los que nada tienen qué decir a un árbol, a un cántaro o a una abeja; a los que fastidia el silbo de un pájaro, a los que cuando levantan el rostro a la noche no sienten sobre su piel el picotear de las estrellas, a los que no escuchan las historias apasionadas que narran los leños en la chimenea, a los que se taponan los oídos para no oír los relatos de viaje del viento, a los que no tienen Dios, ni amada, ni amigo, ni hijo, ni siquiera una bestia que les pida con inundados ojos la caricia de una palabra. A esos tales recurrió Burundún para organizar sus fuerzas punitivas. 

Pero como a la ira ciega de los estólidos, hay que ponerle una carnada suculenta, un estremecido cebo vivo. A los incapaces de crear, les autorizó el exterminio; a los que no podrían emular, les impartió autoridad; a los impotentes en la amorosa conquista, les bendijo la violación; a los que tenían manchas en su origen, les permitió que abozalarán a los limpios; a los que vivían en la zozobra espera de una condena, les ofreció su remisión en el crimen; a los fracasados, les deparó la fría venganza contra los cabales. Y necesitaba Burundún jefes -siquiera fuese de nombre y apenas sobre el papel- para estas tropas de asalto, jefes políticos y militares y eclesiásticos y hasta intelectuales. Hurgando en el viejo saco de las infamias y en la ancha alforja de las malicias, dio abasto a todo.”

 - Jorge Zalamea, El gran Burundún-Burundá ha muerto.

sábado, 13 de febrero de 2016

L'illusionniste


Por una de esas casualidades cósmicas de la vida, hace varios años, pude ver L'illusionniste (El Ilusionista) en un canal del cable. La película fue realizada en el 2010 con guión póstumo de Jaques Tati (1907-1982), que Sophie Tatischeff (la hija de éste) y a Sylvain Chomet (el mismo de Las trillizas de Belleville) rescataron y tuvieron la genial idea de volverlo un largometraje animado que rindiera honores a Tati y a la comedia muda.

En esta obra, un viejo ilusionista busca trabajo en una época donde los artistas de su clase han sido sustituidos por los grandes espectáculos y los conciertos de Rock; pero en una de sus visitas a un pueblito escocés se le suma una muchacha que todavía cree en la magia y con la que deberá continuar su viaje. El filme es un viaje áspero a la desilución, a ese madurar que nos da una lucidez dolorosa; pero también es una búsqueda de la nostalgia, de un paraíso perdido en el que las cosas eran más simples. Esta película nos invita a ver desde la nostalgia amarga y dulce, esa infancia que ya pasó y en la cual los magos sí existían.

martes, 9 de febrero de 2016

El unicornio en cautividad


"En el libro IX del Roman d'Alexandre se dice que el unicornio es un animal tan fuerte que no puede ser capturado por la virtud de los monteros, sino mediante sutileza. Cuando quieren capturarlo mandan llevar a una doncella al lugar donde saben que acude el animal a pacer y descansar. Si el licornio la ve y es doncella, va a acostarse en su regazo sin hacerle ningún mal y allí se queda dormido. Acuden entonces los monteros, que lo matan en el regazo de la doncella.”