miércoles, 1 de abril de 2026

Superficialidad, superstición y lecturas de La Biblia

La gente en Honduras, en su mayor parte, practica la religión desde una perspectiva supersticiosa. Marvin Barahona menciona que esto se originó debido a la dificultad de las misiones para abarcar el territorio, ya que el Imperio Español tenía poco control sobre él y nulo interés en una de las colonias más pobres y atrasadas de sus dominios. Como resultado, muchas de las prácticas en el campo religioso quedaron a un nivel meramente superficial. Esto ha marcado profundamente la forma en que el hondureño se relaciona con lo sagrado. No es extraño que, por ejemplo, Jorge Bar-Levi mencionara que le llamó poderosamente la atención que la forma en que Juan Orlando y su familia practicaban la religión se parecía más a un tipo de brujería. En Honduras, el grado de sincretismo fue muy bajo incluso entre las clases altas.

No digo esto en el sentido de elevar lo europeo sobre lo indígena; sino a causa del riesgo que implica el desconocimiento  de su propia religión y la ausencia de reflexión sobre sus propias creencias, sean las que sean. Durante años como profesor de Literatura Hondureña, me he topado con que mis estudiantes desconocen las mínimas referencias a su doctrina religiosa. Esto revela otra cosa preocupante: el hondureño practica un credo para cumplir un mandato social o para construir una apariencia. Eso los vuelve fácilmente presa de cualquier estafador que, desde el poder, pretenda imponer un dogma sectario. 

La mayoría de la gente religiosa tiende a ser fácilmente manipulable en este país debido a esa superficialidad y consecuente superstición. Por eso es que los políticos prefieren imponer educación religiosa en lugar de educación científica o pensamiento crítico. No van a ser tan tontos como para dispararse en el pie. Es más simple reproducir un patrón coercitivo a través de un simulacro de lectura de La Biblia sobre la que hasta  los mismos profesores desconocen su interpretación; porque, como un caballo de Troya, eso les permite introducir sus propias ideas: el caudillismo, la obediencia ciega y el nulo cuestionamiento a quiénes están en el poder; todo ello fundamentado en una errónea interpretación de textos que son sagrados para gran parte de la población. 

La educación laica debe ser defendida por todos precisamente para evitar eso. Al mantener una distancia del campo religioso con el Estado, permite a cada individuo el aprender a convivir con la creencia del otro, a hacerlo menos propenso a charlatanes y, sobre todo, a entender que sus ideas no son obligatorias para los demás. Esto pronto se traslada también a sus posturas políticas. En pocas palabras, la laicidad es el fundamento de una democracia.


*Publicado originalmente en mi página de Facebook. Varias personas me pidieron que los colocara en un sitio web más público. 

lunes, 23 de marzo de 2026

El testamento de Ann Lee


El testamento de Ann Lee (titulada erróneamente El testimonio de Ann Lee) es una producción británica y estadounidense, dirigida por Mona Fastvold, escrita en conjunto con Brady Cobert, cuenta con las actuaciones de Amanda Seyfied (Ann Lee), Lewis Pullman (William Lee) Thomasin McKenzie (Mary Partington) entre otros. La película cuenta la vida de Ann Lee fundadora de los Quacker Shakers, una corriente de los cuáqueros ingleses luego extendida en Estados Unidos quienes creían en el celibato absoluto, el don de lenguas, Dios como hombre y mujer a la vez, las visiones sobrenaturales y, sobre todo, la conexión divina a través del canto y la danza. 

Contrario a realizar un panfleto religioso, la película muestra un mundo doctrinario anglosajón del siglo XVIII donde se multiplicaban distintas escisiones del protestantismo y el anglicanismo (cuáqueros, metodistas, bautistas, etc.) y pululaban grupos sectarios milenaristas (aquellos que creen literalmente en el regreso de Cristo en una fecha determinada). Todos ellos luchaban entre sí por obtener creyentes y poder e incluso usaban la violencia en ciertos casos. 

Como menciona el título, el filme está compuesto a la manera de un testamento cual si fuera el tercero de una biblia redactada por una testigo, una escribiente (la líder de esta secta no sabía escribir) quien nos va narrando los sucesos de la congregación. A pesar de ello, la escritura sagrada, especialmente en sus omisiones, es constantemente puesta en contraste con lo que realmente pasó hasta el punto en que realidad material y realidad milagrosa se contradicen y se mezclan. Los milagros ocasionales a veces parecen coincidencias dejadas a criterio del espectador, en otras son verdaderos e inesperados. Hay cierto humor en algunas secciones y hasta una ironía muy sutil con escenas desacralizantes; aunque en otras se mantenga un tono más bien místico. El resultado de esto es la descripción de una realidad desgarradora y sucia donde lo mágico es plausible y lo milagroso se encuentra puesto a prueba en el espectador. 

Ann Lee sigue el camino de una suerte de diosa solar, aquella que ha descendido a los infiernos para obtener la redención o una buena nueva al estilo de Jesucristo, Osiris o el Dionisio órfico; sin embargo, ese averno es la misma realidad y por eso resulta importante el contrapunto de los dos discursos. De ese viaje que es su propia existencia, ella deberá recuperar el mensaje de fe que propagar en su comunidad; por ello el uso de la semilla y el árbol como símbolos de su secta. En ese sentido, la historia tiene la estructura del viaje del héroe encarnado por una mujer.  

Esta obra mezcla aspectos del biopic y el musical de forma muy natural como el de la realidad y los milagros. En lo musical se encuentra le fe y lo milagroso, mientras que en la narración cruda de los sucesos hallamos el aspecto carnal, sexual materialista e incrédulo. Resulta un experimento bastante interesante; pero también complicado en una década donde predomina lo literal y lo explicativo en exceso. No me extrañaría que muchos la tomen como un drama religioso en el sentido estricto mientras que otros la vean como una blasfemia cuando no es ni lo uno ni lo otro; sino una reflexión sobre lo humano que hay en toda creencia: el dolor, la alegría, el deseo, el sufrimiento, la represión moral y la esperanza.

Además del guion, el filme sobresale por la recreación de los espacios urbanos de la época pese a tomarse libertades en la composición de la música; es bastante acertado en el vestuario tanto de los seglares como de los integrantes de la secta; y, finalmente, es de resaltar la actuación de Amanda Seyfried como Ann Lee quien presenta diferentes rangos.

jueves, 5 de febrero de 2026

La virgen de la tosquera

Película estrenada en 2025, dirigida por Laura Casabé, con la actuación de Dolores Oliverio (Natalia), Fernanda Echevarría como (Silvia) y Agustín Sosa (Diego) entre otros; es una producción conjunta de Argentina, México y España. Su historia está basada en el cuento homónimo de Mariana Enríquez y en La carreta, narración de la misma autora. La obra fue seleccionada para ser exhibida en la muestra oficial del Festival de Sundance 2025.  

Durante el 2001 en Argentina, Natalia, quien vive con su abuela en un barrio periférico, comienza a despertar a su sexualidad y se "enamora" de Diego. El problema es que ese muchacho ya se siente atraído de Silvia, una mujer mucho mayor y quien presume de haber recorrido el mundo. Por lo que la adolescente, con la ayuda de su abuela, recurre a viejos trucos de brujería y, poco a poco, sus propios poderes paranormales van despertando. 

La primera escena de este filme es un hombre golpeando casi hasta la muerte a un mendigo de piel morena solo por entrar a su barrio. Se trata de un acto marcado claramente por el clasismo y el racismo, pero también por la desconfianza en el otro y la falta de empatía. Esta apertura nos marca la dinámica que la historia tendrá de ahí en adelante. Más que del amor, la película trata en realidad del odio y la vía para encausarlo será la hechicería. El odio en un momento en que Argentina pasaba una de sus peores crisis, el odio de Natalia contra Silvia, pero también del mendigo contra aquel barrio y el de nacionales contra los extranjeros, el de pobres contra otros pobres; aunque nunca contra las clases altas que son vistas sólo a través de la televisión en programas de concursos donde regalan dinero a los miserables afortunados. Esta obra se transmite así en un comentario social que resulta más que relevante en el contexto latinoamericano actual al mostrar la alienación y la desintegración de los lazos en una sociedad. Claro, hay otros temas como el terror inquietante de lo inexplicable, el despertar sexual de una joven o incluso las relaciones de abuso de mayores contra menores. 

En el aspecto técnico, la película se centra bastante en los primeros planos sostenidos, aunque quizás a algunos les parecerá excesivo; pero nos ayuda a adentrarnos en los sentimientos de los personajes y mantiene cierto suspenso especialmente en cuanto al devenir de Natalia. Resalta, además, en la mezcla de sonidos: el montaje sobrepuesto de ruidos, pláticas, música para lograr contrastes y nuevos significados. 

No quiero entrar en polémicas; pero esta película (aclaro que es la película y no el cuento) se sintió como una versión argentina de Carrie (lo hizo evidente, sobre todo, el encuentro con cierto objeto sagrado al final muy distinto al de la narración que adapta). No lo digo en mal plan; porque, de ser así, La virgen de la tosquera mejora por mucho ese material, cambia la perspectiva y profundiza más sobre otros temas más interesantes.

viernes, 9 de enero de 2026

Un desahogo

Una cuestión sobre hacer mi tesis doctoral sobre la violencia y poesía en Honduras es darme cuenta de cómo esta república ha sido configurada desde tiempos coloniales. Podría decirse que nuestro país nunca tuvo futuro; porque era un sitio aislado, sin control y sumido en la brutalidad y el caos. Mucho de eso no ha cambiado. Las clases altas hondureñas siempre se han aprovechado de este aislamiento y de la falta de educación de sus habitantes para manipularlos, han construido un Estado a su medida y han impregnado, a través de la religión y el control de los medios, una actitud cómplice y lumpen en el hondureño. Cuando nada de eso funciona, ejercen la violencia de manera directa

Durante mucho tiempo, en especial entre los noventa e inicios de los dos miles sentí que algo podía cambiar. No puse mis esperanzas en un partido particular; sino en el hecho de que todo iba a ir progresando poco a poco. Sin ningún fundamento, tenía fe en el futuro. Eso comenzó a cambiar a partir del 2009. No se trató sólo del final de un sistema democrático sino de como el país descendió en una espiral de sinrazón. 

En 2021, con el ascenso de la izquierda, creí ilusamente que algo lograría enmendarse; sin embargo, ese mismo gobierno en el cual pusimos tantas esperanzas cometió casi los mismos errores de sus antecesores. Lo peor de todo ello es que eso permitió el regreso de uno de los sectores más oscuros de la política nacional. Ante las últimas elecciones y al ver que la gente votaba abiertamente por ese mismo Partido Nacional, solo puedo decir que me sentí más que decepcionado. Uno entiende la molestia con la izquierda; pero de ahí a regresar a la ignominia hay mucha maldad banal en el camino.

Estoy cansado de este país. Es como si algo se hubiera roto definitivamente. Ya ni siquiera miro a las personas de la misma manera y me parece un sitio lleno de gente horrible, hipócrita y retrógrada. No sé lo que pase en mi futuro. No tengo esposa ni hijos ni mascotas; poseo, sin embargo una pequeña casa en la cual refugiarme a leer todos los libros que compré en mis viajes. Poca cosas más allá del ostracismo. 

Hay, a pesar de todo, un pequeño grupo de personas que me devuelve la fe, muy a mi pesar, el director de una radio comunal tratando de despertar la consciencia de la gente, un cura que ayuda a los campesinos y los ambientalistas, una garífuna que se planta en contra de proyectos neocolonialistas. Sólo quisiera que, aparte de esperanza, no me doliera tanto el verlos; porque, como decía Kavafis: "que Efialtes ha de aparecer al fin, / y que finalmente los medos pasarán."