jueves, 5 de febrero de 2026

La virgen de la tosquera

Película estrenada en 2025, dirigida por Laura Casabé, con la actuación de Dolores Oliverio (Natalia), Fernanda Echevarría como (Silvia) y Agustín Sosa (Diego) entre otros; es una producción conjunta de Argentina, México y España. Su historia está basada en el cuento homónimo de Mariana Enríquez y en La carreta, narración de la misma autora. La obra fue seleccionada para ser exhibida en la muestra oficial del Festival de Sundance 2025.  

Durante el 2001 en Argentina, Natalia, quien vive con su abuela en un barrio periférico, comienza a despertar a su sexualidad y se "enamora" de Diego. El problema es que ese muchacho ya se siente atraído de Silvia, una mujer mucho mayor y quien presume de haber recorrido el mundo. Por lo que la adolescente, con la ayuda de su abuela, recurre a viejos trucos de brujería y, poco a poco, sus propios poderes paranormales van despertando. 

La primera escena de este filme es un hombre golpeando casi hasta la muerte a un mendigo de piel morena solo por entrar a su barrio. Se trata de un acto marcado claramente por el clasismo y el racismo, pero también por la desconfianza en el otro y la falta de empatía. Esta apertura nos marca la dinámica que la historia tendrá de ahí en adelante. Más que del amor, la película trata en realidad del odio y la vía para encausarlo será la hechicería. El odio en un momento en que Argentina pasaba una de sus peores crisis, el odio de Natalia contra Silvia, pero también del mendigo contra aquel barrio y el de nacionales contra los extranjeros, el de pobres contra otros pobres; aunque nunca contra las clases altas que son vistas sólo a través de la televisión en programas de concursos donde regalan dinero a los miserables afortunados. Esta obra se transmite así en un comentario social que resulta más que relevante en el contexto latinoamericano actual al mostrar la alienación y la desintegración de los lazos en una sociedad. Claro, hay otros temas como el terror inquietante de lo inexplicable, el despertar sexual de una joven o incluso las relaciones de abuso de mayores contra menores. 

En el aspecto técnico, la película se centra bastante en los primeros planos sostenidos, aunque quizás a algunos les parecerá excesivo; pero nos ayuda a adentrarnos en los sentimientos de los personajes y mantiene cierto suspenso especialmente en cuanto al devenir de Natalia. Resalta, además, en la mezcla de sonidos: el montaje sobrepuesto de ruidos, pláticas, música para lograr contrastes y nuevos significados. 

No quiero entrar en polémicas; pero esta película (aclaro que es la película y no el cuento) se sintió como una versión argentina de Carrie (lo hizo evidente, sobre todo, el encuentro con cierto objeto sagrado al final muy distinto al de la narración que adapta). No lo digo en mal plan; porque, de ser así, La virgen de la tosquera mejora por mucho ese material, cambia la perspectiva y profundiza más sobre otros temas más interesantes.

viernes, 9 de enero de 2026

Un desahogo

Una cuestión sobre hacer mi tesis doctoral sobre la violencia y poesía en Honduras es darme cuenta de cómo esta república ha sido configurada desde tiempos coloniales. Podría decirse que nuestro país nunca tuvo futuro; porque era un sitio aislado, sin control y sumido en la brutalidad y el caos. Mucho de eso no ha cambiado. Las clases altas hondureñas siempre se han aprovechado de este aislamiento y de la falta de educación de sus habitantes para manipularlos, han construido un Estado a su medida y han impregnado, a través de la religión y el control de los medios, una actitud cómplice y lumpen en el hondureño. Cuando nada de eso funciona, ejercen la violencia de manera directa

Durante mucho tiempo, en especial entre los noventa e inicios de los dos miles sentí que algo podía cambiar. No puse mis esperanzas en un partido particular; sino en el hecho de que todo iba a ir progresando poco a poco. Sin ningún fundamento, tenía fe en el futuro. Eso comenzó a cambiar a partir del 2009. No se trató sólo del final de un sistema democrático sino de como el país descendió en una espiral de sinrazón. 

En 2021, con el ascenso de la izquierda, creí ilusamente que algo lograría enmendarse; sin embargo, ese mismo gobierno en el cual pusimos tantas esperanzas cometió casi los mismos errores de sus antecesores. Lo peor de todo ello es que eso permitió el regreso de uno de los sectores más oscuros de la política nacional. Ante las últimas elecciones y al ver que la gente votaba abiertamente por ese mismo Partido Nacional, solo puedo decir que me sentí más que decepcionado. Uno entiende la molestia con la izquierda; pero de ahí a regresar a la ignominia hay mucha maldad banal en el camino.

Estoy cansado de este país. Es como si algo se hubiera roto definitivamente. Ya ni siquiera miro a las personas de la misma manera y me parece un sitio lleno de gente horrible, hipócrita y retrógrada. No sé lo que pase en mi futuro. No tengo esposa ni hijos ni mascotas; poseo, sin embargo una pequeña casa en la cual refugiarme a leer todos los libros que compré en mis viajes. Poca cosas más allá del ostracismo. 

Hay, a pesar de todo, un pequeño grupo de personas que me devuelve la fe, muy a mi pesar, el director de una radio comunal tratando de despertar la consciencia de la gente, un cura que ayuda a los campesinos y los ambientalistas, una garífuna que se planta en contra de proyectos neocolonialistas. Sólo quisiera que, aparte de esperanza, no me doliera tanto el verlos; porque, como decía Kavafis: "que Efialtes ha de aparecer al fin, / y que finalmente los medos pasarán."